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EL EXTERMINIO.- (La moral de los años 50 )

En la hora del exterminio nací. Me

acogieron

llamaradas frías.Estaba

preparado

mi camino en bajada. Un

aguacero continuo

me esperaba y bajo él jugué

vistiendo muñecas.

Desde que me puse de pie ya

estaba señalado

donde y como debía

poner el pie esclavo.

No existía para mí el

"yo quiero".

Parecían mortajas pequeñitas

mis vestidos

de organza. Y yo extendía las

manos y reía

y quería ser princesa.

Y era mi madre el astuto

cancerbero

y era la patria el patio del

cancerbero.

Solícitos vinieron los

verdugos,

algunos para desposarme.

Querían estrujarme para sacar

mis jugos como

a otro limón desamparado.

Y robarme el tiempo, el

tiempo donde todo rema,

donde crece y se extiende la

copa vigorosa

como la de los árboles

frondosos.

Las horas sagradas donde se

escribe el poema

me las querían quitar como

asaltantes.

Al servicio de la especie, me

dijeron.

Yo estaba al servicio de la 

especie y mi razón de existir

era acunar nuevos esclavos.

Ni nombrar ser poeta a

no ser

que sea una vergüenza para

el Verbo:

una señora parlante; 

que hace panegíricos a las

rosas de su patio,

a su nuera y a su nieta

y recita sus poemas. Afuera 

llueve

y la poesía se acongoja y sale

huyendo.

En una palabra: querían que

dejara de ser hombre,

que renunciara a ser HOMBRE

y palpar el universo

desde sí mismo,

como todo hombre habría de

hacerlo.

Y así crear Belleza

como todo lo viviente.

 

Y hasta la más humilde hierba

eleva su flor, reclamé .

Menos la mujer, la

muriente, le dije al mundo.

Y el mundo me odió por esto.

 

Chile, Quilpué, 21 de Julio del 2007. 

 


 

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